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Catálogos Musicales: ¿Nueva Moda Inversora?


La prensa económica recoge últimamente un “boom” de operaciones relativas a la venta de catálogos musicales: desde Neil Young a Shakira pasando por Bob Dylan (que vendió unas 600 canciones por una suma que podría llegar a los 300 millones de dólares). Este fenómeno ha despegado en los últimos años pero no es nuevo: ya en los 80, Michael Jackson compró parte del catálogo de Los Beatles. Sin embargo lo que vemos hoy es una profesionalización de este tipo de adquisiciones, que están siendo realizadas por fondos de inversión especializados, como el Hipgnosis Fund, creado por el ex mánager de Iron Maiden y Guns n’ Roses y que cotiza en la bolsa de Londres.

Bob Dylan

Pero, ¿qué es exactamente lo que se adquiere cuando se compra “un catálogo de canciones”? Estas compras de catálogo se refieren normalmente a las composición, es decir los derechos de publicación musical (“publishing rights”). La propiedad intelectual de las canciones es más compleja de lo que parece y, desde luego, más compleja que la de un cuadro o una escultura. Una canción tiene principalmente dos elementos: la composición y la grabación, cada uno de ellas cubiertas por derechos de autor. La composición a su vez puede ser propiedad de varias personas: desde las canciones de Bob Dylan que son exclusivamente suyas, a los hits de hoy que tienen una media de 5 compositores. Las composiciones son generalmente gestionadas por empresas llamadas editorias (“publishing labels”). La grabación, o máster, generalmente es propiedad de la productora musical. Es por ello que para, por ejemplo, utilizar una canción en un anuncio, se requiera firmar licencias con hasta una docena de personas o entidades.


Los catálogos musicales se consideran una inversión interesante por una serie de razones: la música se consume de manera estable al margen de los avatares económicos. Del mismo modo, el streaming ha convertido la música en una mercancía cuya rentabilidad es mucho más fácil de medir y gestionar que antes. Los músicos, que no han podido salir de gira en este año y medio, también pueden estar más interesados en buscar este tipo de fuente de ingresos. Por otro lado, aunque la música siempre será popular, la tecnología y los hábitos de consumo sí que varían. Quedará por ver si este tipo de operaciones son una moda pasajera o si han llegado para quedase.

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Esquivel & Martin Santos

www.emps.es

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